Skip to content

Ni premios, ni castigos, ni elogios sin sentido: la charla de Carlos González en el Núbebes


27/09/2016 | Galiciaconhijos | 0
Ni premios, ni castigos, ni elogios sin sentido: la charla de Carlos González en el  Núbebes

Los niños se divirtieron con cuentos, con la estridencia de Roque, con la guerra de almohadas, con teatro y música. Pero para las mamás y papás que hicieron cola este finde, como cierre al Festival Núbebes 2016, sólo había un nombre: Carlos González.

El doctor en pediatria Carlos González es bastante conocido por sus libros que tratan de la primera infancia, como Mi hijo no me come  y Guía de lactancia materna.  Además de muy interesante en contenido, el éxito de González  parece justificado por una mezcla de experiencia como pediatra y prominentes dotes de comunicador.

El domingo, en el Pazo de la Cultura de Pontevedra, González habló durante casi 3 horas sobre Autoridad y límites, un tema que suele ser bastante complejo para todos los progenitores, tanto los de línea dura como a los que les cuesta decir no a sus peques.

La obsesión por tener el sello de calidad ¨hijo normal¨

González empezó su charla hablando de la obsesión común en la actualidad por tener un ¨hijo normal¨, como si los pediatras pudiesen poner una especie de sello de calidad en cada niño. Lo que antes era sencillamente clasificado como ¨cosas de niños¨ hoy en día ya se considera un problema de conducta grave. Sin embargo, explicó, nos olvidamos que entre los adultos se admite haber mucha gente distinta. E incluso admiramos mucho a los que hacen ¨cosas raras¨, como creativos o innovadores.

– Parte del problema está en que solo hay  un tipo de escuela para todos los niños y si el niño no se adapta no cambiamos de escuela, cambiamos al niño. Para eso, admitimos incluso que un niño de 8 años pueda tomar pastillas para estar atento en clase – puntualizó el médico.

Al puesto de mando sin clase preparatoria

Concienciarse de que algunas cosas son simplemente ¨cosas de niños¨ es el primer desafío de los padres. El problema empieza, sin embargo, en la propia falta de experiencia de las madres y padres: casi siempre asumimos un puesto de mando sin que nadie nos haya enseñado a ser ¨el jefe, la jefa¨de la casa. Para muchos, detalló el médico, tener un hijo es la primera experiencia de mando que uno va a tener en su vida, mientras en toda su experiencia anterior solo nos han enseñado a  obedecer.  Entonces, cómo deberíamos manejar nuestra autoridad ¨automática¨ en relación a nuestros hijos?

Lo primero a tener en cuenta, explica enseñando una diapositiva de nadie menos que Napoleón, es que ni siquiera el déspota francés fue capaz de dar órdenes a toda su tropa sin escuchar soldados refunfuñando. En otras palabras:  la autoridad conlleva siempre una carga – habrá protestas si das órdenes.

Si dices a tu hijo que apague la tele para cenar es normal que se frustre. Qué esperas? Que te conteste, ¨oh mamá, muchas gracias por recordarme de la importancia de la nutrición?¨ – bromeó Gonzalez.

Lo fundamental en el papel de autoridad, especifica González, es no dar órdenes sin sentido todo el día porque estas acaban siendo vistas como ¨música de fondo¨.  La autoridad es como el dinero, se acaba si se malgasta. Además de bien elegidas, las órdenes deben ser siempre dadas de forma educada y generosa, de la misma manera que solemos hacer cuando actuamos en sociedad. Puedes pedir una barra de pan con una orden o incluso reprender a un empleado, pero lo normal es que lo hagas sin gritar y con delicadeza. Con los niños, además, hay que tener en cuenta de que aprender a obedecer es un proceso largo.

– Muchos padres creen que los niños pequeños están en desafío constante pero no, los niños están deseando obedecer!  Lo que pasa es que los padres pretenden cosas absurdas como la obediencia y la memoria absolutas. Si los niños se acordasen de las cosas a la primera, ser maestro de cole estaría chupado! – comparó.

las temidas rabietas

Ni Premios, ni castigos, ni elogios sin sentido

El pediatra zaragozano declaró que no cree ni en premios ni en castigos en la educación. De acuerdo con González, hay muchos estudios que demuestran que el simple hecho de que te premien afecta a las ganas de realizar tareas o trabajos.  Además de eso, el premio degrada la calidad moral del acto: cuando ofreces a tu hijo un premio – y en el peor de los casos cosas ¨malas¨ como caramelos – es porque no crees que tu hijo vaya a cumplir la tarea que se le propone.

Los premios no funcionan como estrategia a largo plazo  son intentos de manipulación que no solo crean adicción como que ignoran una cualidad inherente al ser humano: las ganas de aprender.  Los castigos tampoco están bien vistos: para el pediatra es posible educar sin premios ni castigos.

–   Los adultos, por ejemplo, solo son castigados cuando hacen cosas muy graves, y son arrestados. Sin embargo, no creemos que los castigos van hacerles mejores personas pero sabemos que solo con mucho esfuerzo algunos se rehabilitarán.

Y los elogios, serian considerados una especie de premio? Para el pediatra hay tres categorías de elogios: elogios a la persona, elogios al resultado y elogios al proceso. Los adultos, muchas veces, abusamos de los elogios a la persona, diciendo al niño frases como ¨qué bueno eres¨.  González considera este tipo de elogio contraproducente porque es posible que el niño comprenda que solo es valorado por eso. (A mí me hizo pensar en las niñas que son siempre guapas y los niños que son siempre listos y las consecuencias de los papeles que se imponen a los peques).

Los elogios al resultado, ¨Qué habitación más arreglada te ha quedado! ¨, pueden tener resultados sanos o no, dependiendo de la situación. Sin embargo, lo mejor sería optar por los elogios al proceso, frecuentemente positivos:

–  En vez de decir al niño: Qué dibujo más bonito! (muchas veces sin ni siquiera mirar al dibujo), siéntate con él y comenta lo que estás viendo. Pregunta qué dibujó, por qué usó estos colores.. Muchas veces ni siquiera hace falta decirle qué bonito está porque el foco está en el proceso.

Ejercer la autoridad y límites pero sin perder la ternura

Uno de los peores desafíos de los padres de niños entre 2 y 4 años son las rabietas, cuando por veces parece que tenemos un pequeño tirano que desea amargarnos la vida (y avergonzarnos tirándose al suelo, gritando y babeando en el parque, en el súper, en la comida familiar del cumple de la tía-abuela…) . El médico garantiza que las rabietas son una fase de la vida de los niños y que jamás las tienen a propósito.

Los padres por tanto, deberían ser capaces de tener en cuenta que los niños lo están pasando mal y empáticamente evitar gritar y enfadarse pero enseñar a dialogar usando el ejemplo.

–  Lo mejor es intentar consolarlo y conseguir que se calme. No hace falta dar al niño todo lo que se quiere pero sí tu cariño y atención. Si cada vez que el niño hace algo malo, gritas y te enfadas, él hará lo mismo.

Carlos González enfatiza que no hay una fórmula para educar niños pero que no se debe olvidar que son personas y que muchas de las dudas que tenemos pueden ser contestadas si cambiamos el contexto a un adulto y nos preguntamos cómo reaccionaríamos.  Los niños no aprenden todo a la primera pero aprenderán con el tiempo – sobre todo con el ejemplo.

Los padres, a su vez no son perfectos y no deben pretender tener siempre  la razón. Eso incluye que pueden dar un paso atrás en algunas decisiones.

–  Los gobiernos que no ceden jamás son una dictadura. El niño no estará malcriado si, por ejemplo, decides que no pasa nada que tome ese helado cuando sin embargo habías dicho que no – ejemplifica.

 

Carlos González
El pediatra Carlos González en Pontevedra

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *